#63SSIFF (II): Sunset Song (Terence Davies), Mi gran noche (Álex De la Iglesia), El club (Pablo Larraín)

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DIA2

Ayer, en la entrega del Premio Nacional de Cinematografía, Fernando Trueba declaró no haberse sentido nunca español. Hablando estrictamente de cine, lo cierto es que a veces nos cuesta después de ver según qué películas. Que el Festival de San Sebastián se convierta en el escaparate del cine español tiene sentido en un determinado contexto y ante un determinado cine, pero resulta difícil de comprender que un producto de las perspectivas comerciales de Mi gran noche se encuentre publicitado fuera de concurso en su sección oficial. Álex de la Iglesia se entrega a Raphael para firmar un monumento a la caspa (bendecido por el inefable Enrique Cerezo) en la que supone hasta la fecha la peor película de su decadente carrera tras las cámaras. Estruendoso tropiezo de una segunda jornada que, no sin dudas, salió airosa gracias a títulos que llegaron desde Toronto como Sunset Song, última película del extraordinario cineasta británico Terence Davies, o del Festival de Berlín, donde El club del chileno Pablo Larraín recibió el Gran Premio del Jurado.

Sección oficial - Sunset Song (Terence Davies)

Sección oficial – Sunset Song (Terence Davies)

El cine de Terence Davies se adentra en nuestro ser como el recuerdo de una vieja canción popular cantada a coro. Siguiendo su voz, el autor de El largo día acaba (1992) adapta la novela Sunset Song de Lewis Grassic Gibbon embarcándose en su proyecto más ansiado y complejo de calibrar, que ha tardado más de una década en poner en marcha y en el que sus constantes corren el riesgo de resultar impostadas dentro de un relato de estructura sumamente clásica. Finalmente, esa dicotomía terminará siendo conquistada por el aliento poético que otorga la voz en off de la narración a su protagonista, Chris Guthrie, una joven campesina del norte de Escocia que sufrirá en su alma las desdichas de una época y el estigma patriarcal de su familia a lo largo de los años previos a la Primera Guerra Mundial. Tránsito de tiempo que Davies hace pasar a nuestros ojos por medio de delicados fundidos o de movimientos circulares de cámara en los que insiste en su idea de observar el discurrir de la vida como un trozo de memoria. Es por ello que pese al brusco giro dramático del tercer acto, la película se reencuentra en el cambio de punto de vista y el recuerdo de una canción, de aquella boda, los días que fuimos felices. Porque con Sunset Song a buen seguro no asistimos al mejor film de Davies, pero sí a un ambicioso relato que en sus más sutiles digresiones nos sigue recordando profundamente a todo lo que la musicalidad de sus imágenes evoca. Y de recordar no en vano se trataba.

Antonio M. Arenas

Sección oficial fuera de concurso - Mi gran noche (Álex De la Iglesia)

Sección oficial fuera de concurso – Mi gran noche (Álex De la Iglesia)

Álex De la Iglesia tiene un problema y ese problema se llama Álex De la Iglesia. El otrora director outsider que sacudió la industria colándose por la puerta de atrás vive ahora instalado en el éxito gracias a un estilo personal que repite y repite sin remordimientos. En esta ocasión crea con Mi gran noche un gran espectáculo durante la grabación de un programa de Nochevieja con Alphonso -trasunto de Raphael- como gran estrella. La estrategia es tan efectiva como previsible: sumar elementos y situaciones sin parar y dejar que funcionen por acumulación. Desde el primer segundo hay un bombardeo de imágenes que no da tregua en los noventa minutos de un metraje que se culmina, como no podía ser de otra manera, con un clímax exagerado.

La cuestión no es que De la Iglesia tenga un estilo reconocible, la cuestión es que a la vista de sus últimas películas parece que ha encontrado una fórmula que aplica con el piloto automático. No hay lugar a la innovación, ni siquiera a la sorpresa, todo queda supeditado a un montaje frenético que, con un poco de suerte, tapa las carencias de un director ingenioso al que parece que se le han acabado las ideas. La crítica en torno al mundo del espectáculo y la sociedad que la rodea/consume se vuelve estéril desde el momento que apuesta por poblar la película de caras muy conocidas y envolver las buenas ideas con crítica y humor de brocha gorda. En este sentido sigue la línea de la saga Torrente y, cómo esta, Mi gran noche puede conquistar al gran público, en concreto a ese sector que busca en el cine, como en la tele, entretenimiento de encefalograma plano.

Gonzalo Ballesteros

Horizontes Latinos - El club (Pablo Larraín)

Horizontes Latinos – El club (Pablo Larraín)

En ese inacotable espacio donde la luz pierde la batalla contra la oscuridad se crea un espacio de sombras, marginal y desamparado, que sirve de refugio para los desterrados. Ese lugar puede estar en cualquier sitio, también en un pueblecito costero y si de ostracismo hablamos la Iglesia Católica tiene siglos de experiencia escondiendo sus vergüenzas bajo la alfombra de cualquier comunidad. El club trata precisamente de esto, de un grupito de curas que convive en una casa con vistas al mar, privados por sus pecados del oficio espiritual pero bajo el paraguas de una Iglesia que reniega y protege al mismo tiempo. Además, Pablo Larraín utiliza las tinieblas más allá de su sentido metafórico pintando la imagen con un filtro de suciedad o niebla que enfatiza su angustioso argumento.

Larraín encierra en esa casa todos los comportamientos que atormentan el catolicismo, los conococidos como la pederastia o el robo de niños, pero también otros menos mediáticos pero igual de graves como la complicidad con el poder militar. La presentación de este selecto club como entrañables religiosos en retiro que conviven en armonía hace que según se vayan desvelando los horrores cometidos el impacto sea aún mayor, siendo realmente incómodo como espectador empatizar con según que monstruos. Esa incomodidad alcanza cotas angustiosas cuando la película se vuelve cruda y explícita en la voz de una de las víctimas de pederastia. Aquí es dónde habría que decidir si lo que hace el director chileno está justificado o es simple provocación, sea como fuere es efectivo y deja poso; no se puede escapar de las tinieblas ni cuando acabada la película te salva la luz del día.

Gonzalo Ballesteros

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