#63SSIFF (III): Anomalisa (Charlie Kaufman, Duke Johnson), Sparrows (Rúnar Rúnarsson), Evolution (Lucile Hadzihalilovic)

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dia3

En la tercera crónica desde San Sebastián reunimos tres propuestas que coinciden en una perturbadora extrañeza, de mirada ajena a la realidad pero por ello plenamente consciente de lo poco que se aleja su horror de ésta. Hablamos del salto a la animación de Charlie Kaufman junto a Duke Johnson en Anomalisa, Gran Premio del Jurado en el reciente Festival de Berlín y presentada en Perlas, la islandesa Sparrows (Rúnar Rúnarsson) y Evolution (Lucile Hadzihalilovic), dos caras posibles de la hasta el momento poco destacable sección oficial.

Anomalisa

Perlas – Anomalisa (Charlie Kaufman, Duke Johnson)

Sorprende descubrir en Charlie Kaufman a un escritor que, aún con sus esfuerzos por concebir historias a través de imágenes, termine siendo tan hábil, arriesgado y valiente a la hora de poner en palabras qué significa algo tan imposible de verbalizar como el sentimiento amoroso. Anomalisa, como todo relato gestado en la mente del autor de Olvídate de mí (Michel Gondry, 2003) o Synecdoche, New York (2008), transmuta el universo de lo real y lo retuerce hasta convertirlo en un paisaje surrealista con el objeto de hablar, irónicamente, de la auténtica realidad, esa que cambia según la mirada que la observe.

En ese mundo inabarcable de subjetividades, hablar del amor resulta casi imposible. Se trata del reto perfecto para un genio de la narración que no deja de probarse a sí mismo. En Anomalisa, Michael Stone descubre a una persona que vuelve su mundo del revés. La película pone en escena ese descubrimiento a partir de una premisa fascinante: todas las personas del mundo tienen la misma cara y la misma voz porque todas las personas del mundo son una sola persona, un mismo patrón que se repite. El fondo neutral que desaparece cuando uno se enamora de verdad.

Sólo tienen personalidad propia la persona amada y uno mismo, lo que desvela el epicentro de toda creación artística de Kaufman: la historia del yo. La profunda revisión de la primera persona muestra a un autor encerrado en sí mismo, obsesionado con los pensamientos que le asaltan. Puede que, en ese sentido, la idea del rostro que se repite sea la metáfora definitiva para un autor que piensa en sí mismo como absoluto centro del mundo. Un planteamiento concebido desde el egoísmo que al final funciona de manera absolutamente antagónica: Kaufman termina compartiendo su universo más íntimo. Al hacerlo, la revelación se convierte en emoción.

Jonay Armas 

Sparrows

Sección oficial – Sparrows (Rúnar Rúnarsson)

El islandés Rúnar Rúnarsson aporta seriedad a la sección oficial con Sparrows, una coming of age sórdida que cuenta la historia de Ari, un adolescente que debe trasladarse de Reikiavik donde vive con su madre a un pueblo del norte del país dónde está su padre. El joven, educado y acomodado en la capital, es sensible e inocente y su talento en el canto coral le otorga además un aura angelical. Todas estas cualidades que son pólvora en la vida cualquier adolescente, dinamitan en contacto con una comunidad más ruda y hostil como es su nuevo hogar. En la adaptación tendrá que aprender a convivir con un padre alcohólico con el que no conecta e intentar encajar con un grupo de amigos que actúa como lo que son: adolescentes. La película juega con el continuo contraste entre lo moderno y lo arcaico, lo civilizado y lo salvaje, lo divino y lo infernal… y la balanza se inclina siempre hacia el mismo lado. El camino lleno de trampas que transita Ari es mostrado por el director de forma austera y esa distancia hace que sean aún más dolorosas aquellas escenas dominadas por la violencia. La frialdad se apodera de todo.

Gonzalo Ballesteros

Evolution

Sección oficial – Evolution (Lucile Hadzihalilovic)

Producto de lo que ha tendido a llamarse “cine festivalero”, parece como si a Lucile Hadzihalilovice le bastara en Evolution (única película dirigida por una mujer de toda la sección oficial) con ampararse en la belleza estética de sus tomas submarinas y la construcción minimalista de un mundo fantástico para negar toda posibilidad de narrativa. Siguiendo el punto de vista de un niño que descubre está siendo objeto de extraños experimentos con su cuerpo, como el resto de críos que habitan su despoblada isla, el trabajo atmosférico traspasa de forma reiterativa lo desagradable sin justificación dramática ni trascendencia. Hay una clara diferencia entre ser críptico y no contar nada, entre crear imágenes sugerentes o vacías de significado, así que poco se tarda en descubrir las escasas intenciones cinematográficas de una producción que, como tantas otras, resulta perfecta para colarse en festivales de todo el mundo, incomodar a varios asistentes, provocar la huída del crítico de cine mejor pagado de España y ser olvidada antes de salir de la sala.

Antonio M. Arenas

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