#63SSIFF (VII): Un dia perfecte per volar (Marc Recha), Les chevaliers blancs (Joachim Lafosse), Freeheld (Peter Sollett)

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DIA7

Últimas críticas de la Sección oficial a la espera de conocer un palmarés a priori bastante abierto, del que se puede esperar cualquier tipo de sorpresa por parte del jurado. Una y muy agradable sería el reconocimiento a Un dia perfecte per volar de Marc Recha, lección de cine realizada en un ambiente familiar y protagonizada por el propio hijo del cineasta, el mayor rastro de lucidez e imaginación de una jornada completada por dos problemáticas películas basadas en polémicos casos reales como Les chevaliers blancs y Freeheld.

Un dia perfecte per volar / Un día perfecto para volar

Sección oficial – Un dia perfecte per volar (Marc Recha)

Como un agricultor que va sembrando imagen por imagen su cosecha tras las cámaras, Marc Recha recolecta con los mínimos elementos posibles un breve largometraje que define las máximas del cineasta: honrado, artesano, vital, profundamente conectado con la tierra. Y lo hace poniendo en escena a su propio hijo durante una jornada de campo que en su minimalismo dramático contiene más imaginación, lecturas e inusitada profundidad que la gran mayoría de la Sección oficial.

Desde sus escenas fuertemente vinculadas a la naturaleza, al sonido del viento y la presencia hostil de la maleza para lograr volar una cometa, Recha plantea una construcción sobre la realidad dentro de la ficción (y viceversa) por medio del poder del relato oral en la relación entre un niño repleto de curiosidad y la figura paternal de Sergi López, encarnando a un gigante narrador de historias. Sin asideros narrativos y creyendo en la sensibilidad infantil como pocas películas han logrado, Un dia perfecte per volar alcanza la pureza de sus gestos, regalando a su hijo una película que nos invita al resto a reformular la manera de contemplar el cine y de asistir a un festival.

Antonio M. Arenas

Les chevaliers blancs (Joachim Lafosse)

Sección oficial – Les chevaliers blancs (Joachim Lafosse)

Thriller discursivo podría ser el calificativo más próximo para definir la última película del prometedor cineasta belga Joachim Lafosse, que se sirve del caso real de El arca de Zoe, que sacudió Francia en 2007 por el intento de secuestro de más de 100 niños de Chad, para abordar los conflictos de las ONG en África desde una (excesivamente) calculada distancia tras la cámara. Lafosse se aleja a través de la puesta en escena de sus protagonistas y de sus cuestionables acciones, que como cineasta expone y denuncia no sin dejarse llevar por cierta heroicidad cómplice, pero su equidistancia y la parábola del guión impiden que sus conclusiones preconcebidas trasciendan al plano moral, que el personaje interpretado por Lindon se adentre en sus claroscuros o el de Donzelli tenga algo más que buenas intenciones. Las de un filme que aborda sin paternalismos ni sensiblería una realidad compleja, pero que sigue sonando a construcción impostada por su falta de libertad cinematográfica.

Antonio M. Arenas

Freeheld

Sección oficial – Freeheld (Peter Sollett)

Para los Estados Unidos una de las grandes ventajas de tener la industria cinematográfica más poderosa e influyente del planeta es que poseen la capacidad de modificar el imaginario colectivo. O al menos intentarlo. Lo han hecho con los principales conflictos bélicos como la IIGM, donde han ensalzado la patria en perjuicio del rigor histórico. También con problemas sociales como el racismo o la homofobia. Pero casi peor que el revisionismo es cuando intentan expiar las culpas con películas artificiales y Freeheld pertenece a ese grupo.

Julianne Moore y Ellen Page interpretan en el filme de Peter Sollet a una pareja homosexual que lucha porque se le reconozcan sus derechos, más concretamente para que el personaje de Page se beneficie de una futura pensión de su novia que padece un cáncer terminal. Es una historia real que ocurrió en 2002 y que cinco años después se plasmó en un documental que pasó por Sundance. Para su adaptación ficcionada el director ha apostado por una estructura conservadora y convencional. Una fórmula de sobremesa que no exige nada al espectador y que lo acompaña de la mano, escena tras escena, para que no pierda detalle de una trama dramática en la que recae todo el peso de la propuesta. Siendo un caso tan mediático, que además ha sido plasmado en un documental, cuesta entender por qué el principal objetivo del filme es simplemente mostrar cercanía y lealtad hacia los hechos, sin perseguir nada más. Si no aporta nada a nivel discursivo ni cinematográfico, ¿para qué sirve Freeheld? La respuesta la encontramos en sus títulos finales, cuando relata las consecuencias del caso a nivel legislativo y social para acabar recordando que en 2015, hace apenas 3 meses, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos amparó con una sentencia el matrimonio entre personas del mismo sexo. Et volià! lo que hace pocos años era la vergüenza de una sociedad atrasada se convierte en una nueva victoria del país de las libertades. La magia del cine.

Gonzalo Ballesteros

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