SEFF’15 (II): The Childhood of a Leader (Brady Corbet), Mustang (Deniz Gamze Ergüven)

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Coincidían en el SEFF dos óperas primas tan ambiciosas y llamadas a cobrar relevancia en el panorama internacional como The Childhood of a Leader Mustang, esta última inmersa de lleno en la carrera de los premios. De méritos muy alejados en lo estrictamente cinematográfico, la mayor virtud de ambas reside en su notable construcción de la atmósfera de un tiempo convulso. Hablamos de Europa tras la Primera Guerra Mundial y de la Turquía de Erdogan, sociedades que condicionan y oprimen a sus personajes, condenados a convertirse en aquello que no quieren ser. O lo que es peor aún, en lo que nunca nos gustaría que fueran.

The Childhood of a Leader

The Childhood of a Leader (Brady Corbet) – Sección oficial

En su primer largometraje tras las cámaras, al actor Brady Corbert (Funny Games) le basta con utilizar imágenes de archivo de la Europa de entreguerras y la imponente secuencia inicial de un tren avanzando irrefrenable para que, sin necesidad de otorgar información temporal ni histórica al espectador, la apabullante banda sonora de Scott Walker se abra paso por las imágenes de la obertura de The Childhood of a Leader, advirtiendo la sensación del terror que asolaría al viejo continente durante el siglo XX.

A través de una estructura clásica de tres actos, que viene a fijar la evolución de su protagonista en paralelo al estado de ánimo socio-político y familiar, Corbert se adentra en un periodo concreto de la infancia de un futuro dictador por medio de un severo estilo formal. Y lo hace siguiendo su en principio inocentes travesuras, desde las sombras de las estancias, en el misterio de su rostro, rodando en la oscuridad de la gran mansión de Francia a la que circunstancialmente se ha mudado su familia. Hijo de un alto cargo norteamericano llamado a elaborar el que conoceríamos como Tratado de Versalles, su relación con una madre autoritaria y el resto de sirvientes serán nuestro único contacto con su esquiva personalidad. Pero el interés no reside tanto en el desarrollo de sus torturados personajes, sino en su forma de contener la violencia y en la creación de ambientes malsanos sobre los que fantasea acerca de una etapa tan compleja de la historia moderna.

En ese sentido, y ya desde el título, conocer de forma explícita las intenciones narrativas de la película puede jugar en su contra durante buena parte del metraje. Por pequeños que resulten, cada gesto, cada diálogo y cada acción insisten en multiplicar sus efectos, remarcando su condición como agente psicopático que despertará (o nos ayudará a comprender) al temible fascista de su interior, en lugar de cimentar esa fábula distorsionada y enigmática sobre el mal tan apasionante que por momentos conquista. Fábula de la que Corbet no se puede resistir a brindar un revelador epílogo, con el que logra trascender la propuesta sin caer en lo obvio ni lo ridículo, gracias de nuevo a la música de Scott Walker y a la planificación de la puesta en escena en movimiento, por la que la cámara parece encaminarse enloquecida al horror más puro. Al igual que lo hicieran Alemania y Europa.

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Mustang (Deniz Gamze Ergüven) – Selección EFA

Seleccionada por Francia para los Oscar, firme candidata a los premios LUX que otorga el Parlamento Europeo y cargada de galardones a lo largo de su recorrido por festivales como la Seminci o Sarajevo, la primera película de la cineasta turca Deniz Gamze Ergüven llegó a Sevilla con la vitola de película imprescindible del año. Y se marchó con la sensación de que seguirá arrasando allá por donde pase, sembrando no en vano ciertas dudas a su conclusión que nos hacen pensar en lo perecedero y circunstancial de su éxito.

El programa del festival ya nos advertía sobre Mustang de que nos encontrábamos ante un Las vírgenes suicidas (1999) a la turca. Y no solo no fallaba un ápice en su descripción, sino que los compases iniciales parecen, en el mejor sentido posible, una continuación directa del espíritu de la película de Sofia Coppola. La notable descripción de las cinco jovencísimas hermanas protagonistas, guiadas por la luz y la alegría a través del campo o la playa, descubriendo su sexualidad con inocencia, concede gracias a su montaje elíptico las mejores imágenes de la película, así como la esperanza de encontrar a una directora despojada de esquemas y mecanismos narrativos ya superados.

Un comienzo ensoñador que se difumina demasiado pronto con las imposiciones de su abuela y de su autoritario tío, que convierten su casa en una pequeña cárcel para evitar puedan mancillar su sexualidad, activando una trama-denuncia de la situación por la que las jóvenes de las zonas rurales o más tradicionales de Turquía ven reprimida su libertad y juventud, obligadas a casarse contra su voluntad. El brillante casting y el intento por adentrarse en el punto de vista de las adolescentes, en especial de la más pequeña, remarcado en las travesuras nocturnas o en la tan entrañable como naif secuencia del estadio de fútbol, sustentan una película de ejecución finalmente demasiado canónica, que plantea una descripción de las convenciones de la sociedad probablemente tan necesaria y certera como ajustada al tópico. Conforme las hermanas se van separando, la película pierde en complejidad, abandonando esa enigmática belleza inicial para, llegado a su desenlace, convertirse en una feel-good movie de manual, a la que la maravillosa música de Warren Ellis insiste en desplegar una emoción ausente por lo inverosímil y complaciente del relato.

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