Javier H. Estrada: “Filmadrid va a crecer en todos los sentidos”

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javier h estrada

Fotografía: Escuela Lens

Durante la séptima edición del Festival IBAFF de Murcia pudimos charlar con Javier H. Estrada. Conocedor como pocos de las claves de un festival de cine, compagina su labor como crítico en las páginas de Caimán Cuadernos de Cine con sus labores de jurado (como en el último Festival Punto de Vista) y especialmente a cargo de la programación de Festivales como Lima Independiente o Filmadrid. El devenir de un festival en riesgo económico como el IBAFF o la ilusionante segunda edición de Filmadrid centraron una conversación acerca de todo (o casi todo) lo que significa eso que llamamos festival de cine.

De nuevo en el IBAFF, un festival que este año afronta grandes cambios estructurales (sede principal, equipo de programación, reducción presupuestaria) y cuya principal novedad es su vuelco al cine experimental con el Premio Honorífico a Pere Portabella, una sección paralela y la retrospectiva de Khristine Gillard ¿Qué te parece este nuevo enfoque del IBAFF?

Me parece fantástico, todo lo que sea apoyar el cine experimental me parece absolutamente necesario porque la variedad de técnicas que existen en todo el mundo relacionadas con el cine experimental es salvaje, realmente, desde el concepto de found footage hasta el trabajo con 3D, trabajos políticos, representaciones en 16 mm, trabajos sobre el espacio (en Estados Unidos se hace mucho) o autores como Laida Lertxundi. Nos encontramos en un momento riquísimo del cine experimental, por ello me parece fabuloso que haya una sección específica.

Además, se ha buscado un centro específico para su desarrollo, en la pequeña localidad de Blanca.

Sí, me ha encantado el espacio, aunque es un pueblo que está un poco alejado, pero eso es bueno también, que los festivales se abran más allá de la ciudad, lo importante es que encuentren un público y eso el tiempo dirá si el IBAFF lo encuentra o no. Por lo que he escuchado, es un pueblo con gente interesada y numeroso historial de actividades del mismo tipo. Aún así, siempre es difícil encontrar un público, incluso para el cine de autor, las películas hay que mostrarlas pero también encontrar gente que las reciba, espero que finalmente lo tengan.

Uno de los cambios más relevantes este año en el IBAFF es el cambio en el equipo de programación, que antes formaban Tanya Valette (ex-directora de la escuela de cine de Cuba) y Eloy Enciso (director de Arraianos), como crítico de cine pero también programador de Filmadrid, un festival que apuesta por un cine similar, ¿cómo ves la programación de este año?

Es complicado, muy complicado, mi creencia es que la línea que estaban llevando Tanya Valette y Eloy Enciso era muy acertada. Yo tuve la suerte de venir al IBAFF desde las últimas cuatro ediciones y aún recuerdo el primer año que estuvo Abbas Kiarostami dando un taller de cine. Se veía que era un festival muy humilde en recursos y programación. La llegada hace dos años de Tanya Valette y Eloy Enciso lo revolucionó, le dio una subida de nivel enorme porque le dotó de una identidad muy clara. No solo es que las películas tuvieran mucho nivel, que lo tenían, sino que trabajaban de forma maravillosa el cine español y latinoamericano, con la presencia de muchos de los directores.

Por otra parte, las retrospectivas eran muy valiosas. Recuerdo la de José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola, dos cineastas chilenos muy poco conocidos en España pero que, para mí, son sublimes por cómo trabajan con la gente. Es un cine hecho con el pueblo, muy visceral, para mí eso fue una revelación. El año pasado, en el ciclo de cine caribeño había cosas muy importantes que aquí no se conocían. Por tanto, ese tipo de propuestas se van a echar en falta, es normal ya que Tanya Valette y Eloy Enciso son dos personas con una visión del cine muy definida. Tanya lleva muchos años programando y Eloy es una persona con mucha visión, algo que con la confianza del director del festival funcionó muy bien. Por ello, ahora, el festival entra en otra fase y habrá que ver, a todos los niveles, a un festival que tendrá que reinventarse. Para mí, los dos mejores años del IBAFF han sido los dos últimos años con Jesús de la Peña dirigiendo y Tanya Valette y Eloy Enciso programando, ese es un momento que será difícil de recuperar.

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Esto año la Sección oficial está formada por películas que han tenido más recorrido. ¿Crees que el festival ha aumentado su función de llevar al público local grandes películas que en otros lados han triunfado pero aquí no llegan, disminuyendo así su función de descubrir obras poco conocidas a otro nivel, digamos nacional? Me refiero a la presencia de obras como La academia de las musas, Taxi Teherán Loreak que se han estrenado en cines.

Sí, puede ser, pero también hay que decir que el año pasado se programó Cavalo Dinheiro que ya había tenido recorrido, como el Festival de Sevilla, pero que no se había mostrado en Murcia, es muy importante que se mostrara esa película aquí. Tampoco es que antes se hubiera olvidado al público, también recuerdo El futuro, premiada en Locarno. Aunque es verdad, coincido contigo en que es un giro, también yo creo que forzado por las circunstancias de un festival que está pasando por dificultades y que incluso podía haber desaparecido. Por ello, es bueno que exista al menos. Ahora, también se han perdido cosas por el camino.

Una de las actividades paralelas del IBAFF es el seminario de crítica de Caimán cuadernos de cine, del que eres uno de los profesores, junto con Carlos F. Heredero, Jordi Costa y Roberto Cueto. Además de la salida profesional, ¿cual crees que es la importancia de enseñar a los espectadores a ver el cine, a descodificarlo adecuadamente?

Creo que es una herramienta, cuando el objetivo es profundizar en un arte, es un camino correcto. Un curso como este, que es de iniciación, sin ir con altos vuelos, pero con la gente adecuada, puede dar la oportunidad a los alumnos que se han inscrito de encontrarse con gente con mucha experiencia y pasión con la que ver el cine de otra manera. También es importante analizar las diferentes opiniones que están más allá de la crítica, la programación, los diferentes tipos de crítica, la diaria, la de una revista especializada. En cada una funciona una dinámica y cada una implica una forma diferente de afrontar el cine pero todo confluye en la pasión por las películas. Lo importante en esta profesión es la pasión por el cine, el respeto por los cineastas y, sobre todo, la voluntad de profundizar en ellos, de ir más allá de lecturas superficiales. La clave, el éxito de un curso como este sería inyectar en los inscritos las ganas de ponerse a escribir y de mirar el cine de otra manera que, a lo mejor, hasta el momento no se habían planteado.

¿Crees que se debería potenciar, de algún modo institucional la enseñanza de la imagen que tan irrisoriamente se trata en la educación pública?

Claro que sí, ojalá. Pasa lo de siempre, creo que se debería conocer a Cervantes o Leonardo da Vinci igual que se debería conocer a Fritz Lang, a Rossellini o a Pialat. Y si se conoce luego a Caravaggio, ¿por qué no se conoce a Derek Jarman? Creo que, desde luego, no puede haber dudas de que, por parte de las instituciones en España, el cine está tratado no como un arte, sino como una especie de espectáculo secundario. Y eso es una lástima. Sin embargo, no soy nada optimista con que la cosa vaya a cambiar. Por eso son tan importantes las iniciativas que surgen de forma más independiente, como en la que estamos ahora mismo, el IBAFF. Pero además es un problema social, no es un problema solo de los políticos, el problema está en que la gente no reclama esto. El problema está en que la gente va a un museo y observa las obras hasta con un respeto excesivo, pero el cine se debe vilipendiar, es algo absolutamente lamentable la aptitud que existe en España de falta de respeto al cine con respecto al resto de artes, es algo insultante. Por eso, incluso antes que político, creo que es un problema social.

Por tu trabajo visitas numerosos festivales, los verás evolucionar cada año, ir a peor o a mejor, desaparecer o nacer. ¿Cual crees que podría ser la senda futura del Festival IBAFF o, al menos, la senda que te gustaría que siguiera?

Me gustaría que siguiera, sin duda, fortaleciendo su posición en la ciudad y, a nivel de programación, me gustaría que volvieran a tener una línea tan valiente, tan disfrutable y tan iluminadora como la que han tenido hasta ahora. Desde luego, en los dos últimos años, para cualquier persona de fuera el programa prometía, te aportaba cosas, y eso es lo que se pide a un programador y a un festival, que te llene de estímulos. Y hay que recordar que el IBAFF llegó a tener eso empezando de una forma muy humilde, sosteniéndose solo casi exclusivamente con el taller de Kiarostami hasta que encontró su lugar. Pero el festival necesitará un respaldo mayor por parte de las instituciones y la ciudad si quiere tener de nuevo esa posición. Lo que nunca se debería perder es una iniciativa que ilusionaba a gente de tantos lugares, hay que recordar la gente que ha venido aquí (Hans Hurch, Pedro Costa, Víctor Erice, etc) y hay que valorar en ese punto a la dirección del Festival.

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Pedro Costa junto a Javier H. Estrada en la inauguración de Filmadrid – Fotografía: Magdalena Orellana

Hablando de otro tema, la crítica de cine es una profesión muy conocida, pero la del programador está más oculta. Antes hablábamos del cambio de programadores en el IBAFF. Me gustaría que comentaras, en el marco de un Festival como el IBAFF pero también desde tu propia experiencia en Filmadrid, ¿cómo la afrontas tú y en qué consiste la esencia de un buen programador?

Lo primero es saber qué quieres, encontrar una línea a tu festival. Para mí la línea interesante es la que manejábamos antes en el Festival de Lima independiente, un Festival de Perú que sigo programando, donde antes también estaba Fernando Vilchez (actual director de Filmadrid junto a Nuria Cubas) como director artístico. La idea es la misma que entonces, apostar por gente nueva que nos interesa, pero sobre todo crear un marco con el programa que refleje, tanto en la Sección Oficial como en Vanguardias, una visión de cómo el cine refleja el estado del mundo en la actualidad, pero también cómo el cine reflexiona sobre sí mismo, cómo el cine está avanzando.

¿Qué significa cada película que tenemos en Filmadrid? El año pasado tuvimos una película como Theeb, un western jordano maravilloso, opera prima que fue una sorpresa absoluta. Esa película, para mí, dialogaba de forma asombrosa con una esencia de la historia del cine árabe, trabajando de forma excepcional el concepto del desierto, con una gran capacidad para reflejar la identidad árabe, especialmente las cuestiones paternofiliales. Otra película que tuvimos, Stinking Heaven de Nathan Silver, fue nuestra apuesta por el cine norteamericano. Una película de un cineasta que es el último de los independientes, por ahora, surgirán más, antes hubo muchos, pero para nosotros ahora Nathan Silver era la definición de lo que es ser un indie americano, no un indie fingido, de los que no dan el brazo a torcer, lejos del concepto de indie de Sundance, un indie de verdad, puro, un luchador, ¿qué significa eso en el contexto norteamericano?

Así, con esas preguntas, es como se hace película a película en un programa. De esta forma, compusimos un programa desde luego coherente para empezar este festival, por cada película la dirección del festival y yo damos un brazo, creemos firmemente en todas las películas que están en Filmadrid y creemos que significan mucho ahora, no sé si significarán mucho dentro de veinte años, pero ahora sí. Además, es un cine que en la mayoría de los casos era imposible que se mostrara en Madrid si no lo hacíamos nosotros. Esa era la clave, además tuvimos numerosos estrenos nacionales. Para un primer año, sin duda, fue una experiencia muy gratificante.

Aunque el IBAFF es un festival joven al que no toda la población local conoce, siempre ha intentado darse a conocer con diversas actividades paralelas en toda la Comunidad de Murcia. Me gustaría que me dijeras la importancia que para ti tiene sacar a los festivales de cine de la sala y llevarlos a todos los puntos del lugar que los acoge.

Esto es clave, un festival no puede limitarse a las secciones competitivas. Yo creo que un festival, si pensamos en un él como un edificio, la base son las películas en competición pero los pisos que enriquecen el conjunto son otros, las retrospectivas, los focos, las sesiones especiales y son las que están, como decías, fuera de las salas.

En Filmadrid hicimos una sección bastante innovadora llamada Vanguardias Live, donde proponemos a los cineastas que hagan dialogar una obra audiovisual suya con un componente performativo. Por ejemplo, Lois Patiño lo hizo con músicos tocando en directo junto a una pieza exclusiva, acompañados de dos pantallas oblicuas en una plaza al aire libre. Juan Barrero hizo una pieza asombrosa con unos chicos que se inscribieron a su taller. Por la mañana se filmaba, por la tarde montaban y, por la noche, con un proyector portátil que alquilamos, iban por las calles de Madrid proyectando las imágenes que habían hecho ellos mismos en las que, además, jugaban con su cuerpo.

Como todas las demás creaciones de Vanguardias Live, fue una creación única, de un solo día. Salomé Lamas también hizo una pieza con Felizardo, que es un guitarrista portugués que vino de Lisboa. Para nosotros toda esta sección es fundamental porque va más allá, hay que sacar el cine de las plazas, claro que sí, hay que llevar el cine a las plazas, a las calles, y de cualquier forma. Los de Juan Barrero con su proyector portátil eran como una comitiva, una procesión y eso fue precioso. Es muy importante.

Filmadrid

Fotografía: Facebook de Filmadrid

Con una sola edición Filmadrid ya se ha convertido en un evento esperado por la cinefilia ¿Cómo nació la idea de crear un festival de cine independiente en Madrid?

El festival nació de dos vertientes. La primera es un proyecto que se llama Pasajes de cine, que lleva Nuria Cubas desde hace unos años, donde mostraba trabajos anteriores de cineastas que estaban destacando, como Salomé Lamas después de que Tierra de nadie se estrenará en cines. Luego, por otra parte, Fernando Vilchez y yo estábamos trabajando en el Festival de Lima Independiente. En septiembre de 2014 Fernando me dijo “oye, ¿por qué no hacemos un festival de cine independiente en Madrid? Yo dije “claro” sin dudar, aunque era una locura porque no teníamos ni tuvimos apoyos de nadie, pero es que en Madrid no había un festival de cine abierto a todos los géneros y todas las nacionalidades.

La apuesta era esa y surgió de esa manera, como un salto al vacío, aunque sabíamos que podía salir bien gracias a las películas, sabíamos que había muchas películas muy importantes que no se habían mostrado en Madrid. Había ideas claras como Vanguardias Live, que ningún otro festival hace. Luego, las retrospectivas, la primera fue la de Lav Díaz, que era esencial, era un mito, de esa gente realmente importante que cuesta llevar a las salas. Jan Soldat surgió un poco más tarde, pero nos parecía que era buena la idea de hacer un foco maestro y un foco joven, Soldat nos parecía un cineasta joven que nos estimulaba absolutamente, con un cine totalmente diferente al resto, un radical, muy divertido e intenso en cuanto a su visión de la sexualidad y del mundo en un contexto alemán.

En otras cosas tuvimos suerte, empezamos con Cavalo Dinehiro, con nuestro admiradísimo Pedro Costa. Tomamos esa decisión en Rotterdam a seis meses del Festival, luego llamamos a Costa y no nos costó nada convencerle. Dijimos, si la primera proyección de la historia de este festival es Cavalo Dinheiro, con la presencia de Pedro Costa, todo va a ir bien. No podía haber un inicio más bonito que ese. También tuvimos la suerte de que nadie había programado Adiós al Lenguaje de Godard en 3D en Madrid, cosa que nosotros hicimos. Luego, para la clausura, proyectamos la última película de Manoel de Oliveira que acababa de pasar unos días antes por Cannes, su película inédita Visita ou Memórias e Confissões con lo cual, bajo esos cuatro maestros, con Lav Díaz incluido, se articuló todo un festival que apostaba por un cine poco conocido y mucha gente joven, nos pareció que era una estructura muy valiosa.

A veces uno piensa que en Madrid está todo pero es que algo así no existía en Madrid.

Por eso funcionó tan bien Filmadrid, porque mucha gente nos decía que estaba esperando que surgiera algo así. Yo en mi adolescencia también pensaba eso, el por qué no hay un festival así en Madrid. Hay festivales interesantes como DocumentaMadrid, que en su momento fue un festival importantísimo. Ahora también se pueden encontrar diversas muestras muy interesantes de las distintas Embajadas y luego, sobre todo, está Márgenes, con Diego Rodríguez como director y Gonzalo de Pedro como director artístico, que también es de esa gente que tiene una visión personal del cine. Márgenes también tiene mucha identidad y eso es muy importante. Pero claro, luego la situación estaba en que mucho cine como el cine asiático, africano y árabe quedaba muy marginado, era necesario hacer el festival.

Aunque Márgenes y Filmadrid potencian un cine de autor igual de alternativo, mientras Márgenes tiene una vocación online, sin embargo, la intención de Filmadrid es la de anclarse en la ciudad.

Sí, totalmente, nosotros creemos y queremos un festival que signifique mucho para Madrid, porque Madrid es una gran ciudad y creemos que entre todos, entre Márgenes, las diferentes muestras, DocumentaMadrid, tenemos que crear un marco en donde el espectador madrileño pueda disfrutar de una oferta muy amplia de cine. Nosotros estamos muy enraizados y cada vez más, queremos seguir trabajando el concepto de la ciudad. Filmadrid es un festival internacional de cine, esa es la idea clave. Un festival internacional al extremo. El año pasado, y este año será parecido, solo teníamos una película española en competición oficial. Se trataba de mostrar el mundo, esa es nuestra idea. Pese a ello, siendo un festival muy internacional, queremos que tenga la raíz muy enlazada a esta ciudad, en donde hay mucha gente con mucha hambre de cine a la que, poco a poco, esperamos ir conquistando, ilusionando y colaborando para que exista una nueva cinefília. Eso es un reto, y por eso es importante que todos colaboremos.

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Respecto a la segunda edición, ya se ha anunciado el curso de Jonathan Rosenbaum, como una de las grandes actividades paralelas. ¿Qué le dirías a los posibles interesados en asistir?

Estamos hablando de una eminencia absoluta, un hombre que ha marcado el pensamiento cinematográfico en los últimos treinta o cuarenta años, es pura historia del cine. Su conocimiento y su pasión han cambiado muchas cosas, la forma de considerar directores o cinematografías enteras. Pienso que, además de su importancia, es una persona que va a llegar a la gente, va a estar durante todo el festival con nosotros y es que, es la primera vez que da un curso en España y, más aún, es la primera vez que da un curso así en el mundo. Lo que le propusimos es que hiciera un recorrido personal en la historia del cine, con total libertad y le hizo mucha ilusión porque dijo que nadie le había ofrecido esto nunca. El curso lo hacemos en colaboración con Caimán Cuadernos de cine, Acción Cultural española, la ECAM o el Museo Reina Sofía, que es la sede del curso. También vamos a proporcionar traducción simultánea para la gente que no sepa inglés. Vamos a intentar facilitarlo todo para que sea lo que esperamos, una experiencia de puro conocimiento y pura iluminación.

Como programador de Filmadrid y sin desvelar nada que aún no se pueda contar, ¿qué nos planteará esta segunda edición?

El festival va a crecer en todos los sentidos, no puedo hablar aún de títulos pero, por ejemplo, va a haber más implicación con la historia del cine. Eso sí, va a seguir con el mismo espíritu de mirar a todos los lugares del mundo, todos los formatos y géneros. La sección oficial y vanguardias van a ser similares, aunque aún nos queda un poco para cerrar programación. No puedo decir quiénes son los focos pero también vamos a crecer en ese sentido. Vanguardias Live también se va a expandir, estamos muy felices con la gente que las va a realizar, gente que va a ilusionar y muy importante, que nunca se ha encontrado con este reto. Notamos que este reto les ha ilusionado y motivado mucho. Queríamos mejorar la parte teórica y, como ya se sabe, contaremos con Rosenbaum, lo que es inmejorable. Creo que Filmadrid crece un poco en tamaño, pero aún más en calidad y estimulación. Tenemos muchas ganas de que la gente lo reciba.

Después de esta larga conversación, ¿te gustaría añadir algo?

Sí, dirigido a la gente a la que nos gusta el cine, que es nuestra pasión y nuestro motivo vital. Si todos nosotros seguimos con este espíritu, luchando, el cine va a seguir creciendo a nivel de recepción, de gente que nos escucha, que quiere escribir, que quiere filmar. Y esto es una dinámica muy valiosa. Cada vez se hace un cine más creativo, se hace una crítica más creativa y eso es lo que queremos.

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