Festival de Locarno 2016 (IV): The Challenge (Yuri Ancarani), Viejo calavera (Kiro Russo), Gorge Coeur Ventre (Maud Alpi)

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Hay otros mundos, pero están en este

La sección Cineasti del presente del Festival de Locarno, de la que en los últimos años salieron premiados Lois Patiño y Mauro Herce, da cabida a primeras y segundas películas en las que vislumbrar a los próximos talentos. Por lo tanto, está repleta de apuestas arriesgadas en la forma y la temática. Tal es así que encontramos mayores inquietudes, discurso propio y personalidad en las películas de esta sección que en las numerosas óperas primas a concurso este año, en apariencia más sólidas y redondas pero con mucho menos que aportar.

Tres lugares insospechados, una competición con halcones en Qatar en The Challengue (Yuri Ancarani), una mina en Bolivia en Viejo Calavera (Kiro Russo) y un matadero en Gorge Coeur Ventre (Maud Alpi), se convierten en espacios abiertos a la experimentación formal y al estudio de la imagen. Películas que nos recuerdan que hay otros mundos, pero están en este. Y que hay otros talentos, pero también están en este festival.

The Challenge (Yuri Ancarani)

The Challenge (Yuri Ancarani) – Cineasti del presente

Hay dos retos para el espectador en The Challenge. Comprobar hasta qué punto límite de excentricidad puede llegar el estilo de vida de los millonarios qataríes que invierten su fortuna en halcones de competición, pero el más interesante, de qué forma lo pondrá en imágenes Yuri Ancarani, celebrado videoartista que realiza en su primer largometraje un excepcional estudio de la imagen. Si su anterior corto, San Siro, construía paso a paso, imagen tras imagen, el procedimiento ritual en el estadio antes de un partido del AC Milan (dando forma a una mirada mitificadora sobre el deporte rey, pero que al mismo tiempo ridiculiza su parafernalia), con The Challenge emprende de un modo similar el seguimiento a una competición con halcones en el desierto árabe.

Prácticamente sin dialogos ni voz en off, Ancarani se dispone a capturar en toda su expresión, con tanto respeto como distancia irónica, la devoción de los nómadas por carísimos halcones, coches de alta gama, aviones privados y otros extravagantes animales de compañía, pero en especial por unos halcones con los que llevan a cabo una enigmática y legendaria competición que de forma brillante se nos reserva para los instantes finales. Desde su cuidado y mantenimiento, a las subastas televisidas, Ancarini filma en un poderoso ancho de pantalla imágenes perfectas de sus lujosos preparativos, que se transmiten e inculcan de generación en generación. Es tal su apuesta formal que le lleva a colocar cámaras a los halcones para apreciar la realidad y la competición desde su perspectiva. Más allá del retrato etnográfico que late durante su desarrollo, Ancarani refleja un mundo que glorifica las imágenes y el avance tecnológico, lo que le convierte en uno de los grandes nombres a tener en cuenta para entender hacia donde se dirige la imagen contemporánea. Y nosotros con ella.

Viejo calavera (Kiro Russo)

Viejo calavera (Kiro Russo) – Cineasti del presente

Entre travellings, luces de neón y música electrónica de los 80, la absorbente secuencia inicial de Viejo calavera parece trasladar el espíritu de Nicolas Winding Refn a Bolivia. Pero es solo un espejismo, no se lleven a engaño, un aislado ejercicio de estilo de los muchos que dan forma al debut en el largometraje de Kiro Russo, reconocido el año pasado en Locarno por su cortometraje Nueva vida. Hablamos de una fantasmagoría tan irregular como fascinante, cuya inmersión en el mundo de la minería en Huanuni sirve de puente para adentrarse en otro mundo desde un plano cinematográfico, para al mismo tiempo, con empatía, acercarse a la realidad humana y social de los trabajadores.

A lo largo del metraje las secuencias atmosféricas se entrecruzan con el día a día de los mineros, sus reivindicaciones, su relación fuera de la mina y la vida nocturna. Mientras la promesa de un relato, el del descarriado hijo de un minero recientemente fallecido, se nubla entre instantes nocturnos de gran potencia en términos estéticos, pero que no terminan de encontrar equilibrio ni de otorgar coherencia formal a esta valiente propuesta, a medio camino de la antropología y la ficción crepuscular.

Gorge Coeur Ventre (Maud Alpi)

Gorge Coeur Ventre (Maud Alpi) – Cineasti del presente

Puede parecer difícil de creer que una película centrada en la rutina de un matadero no solo logre una provocadora reflexión sobre sus prácticas, sino que sea capaz de encontrar un vínculo emocional y de ternura a su conclusión. Pero Gorge Coeur Ventre lo consigue. Y lo hace introduciendo las formas del documental observacional en el plano de la ficción, siguiendo la actividad de un joven trabajador y de su perro dentro y fuera del matadero, donde noche tras noche se encargan de cumplir su trabajo, llevar las reses a la cadena de exanguinación.

La puesta en escena, que diluye deliberadamente realidad y ficción, sigue con extremo detenimiento el proceso por el que las vacas y los cerdos son conducidos a una muerte inminente. Pero con mucha inteligencia la cámara de Maud Alpi no traspasa ese límite, por lo que en sus imágenes no encontramos excesiva crudeza, dando pie también la imaginación del espectador, sino al contrario, termina produciendo infinita compasión. El tono bucólico que se gesta con la estrecha relación que el perro mantiene con su dueño, el resto de animales y los escasos seres humanos que pueblan el film, conducen a Gorge Coeur Ventre a reflexionar con sensibilidad sobre la necesidad de mantener otra relación con el resto de seres vivos más allá de la cadena de consumo.

Después de ver un buen número de los títulos que integran la retrospectiva dedicada al cine de la República Federal Alemana durante los años 1949 y 1963, aunque nunca los suficientes, no sin atrevimiento podemos deducir que se encuentra marcada por dos obsesiones fundamentales: el desarrollo progresivo de las ciudades y los traumas abiertos por la Segunda Guerra Mundial. La primera de ellas reside en el plano estético de múltiples y vanguardistas cortometrajes, la segunda en el trasfondo de largometrajes como Labyrinth (Rolf Thiele, 1959), que aborda la incapacidad de los pacientes de un centro psiquiátrico para distinguir la realidad de su imaginación. Una confusión que su director Rolf Thiele plasma en imágenes mediante una barroca puesta en escena y decorados, haciendo uso de una audaz técnica que desde la iluminación y los cambios de óptica difumina la distinción entre ambas perspectivas. Esta confusión se traslada a las relaciones afectivas entre doctores y pacientes; alcohólicos, esquizofrénicos y suicidas que intercambian roles y heridas, profundizando de forma sugerente en la redención de un país que todavía se encontraba en plena terapia.

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