Ignacio Vilar: “Sicixia es una ficción sumergida en la realidad”

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Después de ser premiada en el Festival de Cine Español de Toulouse, Sicixia fue la única película de producción completamente española a concurso en el Festival Internacional de Cine de Gijón de 2016, tras el que se acaba de estrenar en cines de todo el país. Su director, el veterano Ignacio Vilar (1951), propone un encuentro entre las formas y los temas característicos del novo cinema galego con la narrativa tradicional, dando lugar a una fricción muy estimulante, resuelta con un apreciable enfoque documental, cuidado apartado sonoro y fuerza dramática. La película parte de las voces, los paisajes y los sonidos de Galicia para gestar una ficción, una historia de amor marcada por los astros, las mareas y las tradiciones de una sociedad enquistada en el tiempo.

¿Por qué el título?

Hablando con una de las actrices del reparto surgió esta palabra, que yo desconocía. La sicixia afecta a las mareas y los océanos, imagina lo que debe afectarnos a nosotros. A partir de ahí surgen las leyendas, aparece como algo le está sucediendo al protagonista, una fuerza superior que ya no puede controlar.

¿Qué fueron primero, las localizaciones o la historia?

Están relacionadas. En el cine no hay lugares sin historia, ni historia sin lugar. Es una simbiosis entre ambas. Cuando era joven recorrí la Costa da morte a pie y todavía guardo aquellas sensaciones, todo lo que me enseñó la gente a la que conocí… Fue una experiencia que me marcó. En 2012 estaba rodando otra película y pensé en rodar allí, había algo que de pronto revivo. Terminé Vilamor y fui a Costa da morte para intentar revivirlo. En ese momento tuve que parar porque estuve haciendo A esmorga durante tres años, pero ya tenía claro que después venía la Costa da morte. Es el lugar y es la historia. En esta película quería que fueran protagonistas los personajes de la Costa da morte, Sicixia es una ficción sumergida en la realidad.

Sicixia parte de un procedimiento etnológico y puramente documental, la recopilación de los sonidos y las historias de la Costa da morte. ¿Cómo desarrollaste el argumento a partir de esta idea?

Yo tenía claro el punto de partida de la historia. Un ingeniero de sonido al que le encargan grabar los sonidos y los acentos de la Costa da morte. Allí conocía a una guía que le conducía por la zona y que se dedicaba a recoger algas en el fondo del mar. Esta idea nos llevaba desde lo alto del Monte Pindo, que es uno de los lugares más impresionantes que hay en la Costa da morte, por no decir uno de los más impresionantes del mundo, hasta las profundidades del océano. Con esa estructura se fue creando la película, añadiéndose las vidas que nos iban contando y que me interesaban en la historia. Yo tengo tres horas de grabaciones, pero me interesaba llegar a un momento de confianza en el que se olvidaran de la cámara, esperar ese momento para lanzarles preguntas y conducirlos a la ficción, porque la película es pura ficción. Lo que ellos dicen era lo que me interesaba que contaran.

Sicixia

Sicixia (Ignacio Vilar, 2016)

Es interesante cómo a partir de sus declaraciones en realidad estás hablando de la historia de amor de los protagonistas.

Por eso hablan las mujeres. Las palilleiras hablan de la mujer. Pero todo es muy sutil. Por ejemplo, la película empieza en la Rapa das Bestas. ¿Qué es una Rapa das Bestas? Domar lo indomable, de eso trata al final la película. ¿Somos capaces de domar lo indomable? Creo que tenemos que aprender a convivir con ello.

Sicixia ofrece un retrato de un modo de vida en extinción, documenta diversas profesiones que pueden desaparecer y el rol tan fuerte de la mujer gallega. Pero también arroja bastantes sombras de la sociedad, como el machismo, el maltrato y el miedo.

Sí, por desgracia ciertas tradiciones que no deberíamos tener siguen vigentes, mientras otras tradiciones que deberíamos conservar van desapareciendo. La protagonista es una mujer capaz de romper con toda una presión social y laboral. En ese sentido, el papel de la mujer en la Costa da morte siempre ha sido fundamental, es el hombre el que se marcha seis meses. Alguno recordarás que decía que hasta se olvidaba de él su hijo (risas). Y claro, mientras tanto la mujer se encarga de todo. En ese sentido, yo tenía la sensación de ser notario, que simplemente certificas lo que declaran. Como director le añades un aspecto creativo que el notario no tiene. Y precisamente ese aspecto creativo es que lo que se declare sea lo que te interese a ti como cineasta que declare.

Hablemos de la elección del formato panoramico y de la composición cámara en mano. Logras mantener durante todo el metraje un rigor formal que es capaz de integrar en la puesta en escena ficción y documental.

Yo pongo todo en función de la historia. Y una de las decisiones fundamentales como director es elegir el equipo técnico adecuado para la historia. He tenido la suerte de contar con el mismo director de fotografía y operador de cámara de A esmorga, mi anterior película, en la que trabajamos más con steady. Pero en Sicixia rodar cámara en mano era fundamental, esta historia necesita una implicación del espectador, y la cámara en mano, bien llevada, es lo máximo que un espectador se puede acercar a un personaje. No hay esa percepción de andar con una steady o una grúa, cámara en mano el espectador es la propia cámara, se le sitúa en la acción. Para mí esa elección formal se basaba en utilizar la técnica para engrandar lo que estás contando. Tampoco teníamos eléctricos, no hay luz artificial, no hay maquillaje. Yo vengo del 35mm, de esperar dos horas para iluminar, y he descubierto que trabajar en digital es la hostia. Teníamos un equipo reducido con capacidad para improvisar. En A esmorga éramos 80 personas y tomar cada decisión era complicado, en cambio aquí era facilísimo. Decidíamos algo sobre la marcha y lo rodábamos, era increíble. Esa libertad favorecía a la historia.

La película parte de lo local pero alcanza lo universal, habla de cómo los ancestros y la naturaleza determinan nuestro presente. En ese sentido me recordó al cine de Naomi Kawase.

Para mí lo universal no existe, sale de lo local. ¿Qué más local que Los hermanos Karamazov de Dostoievski? O el Quijote mismo, ¿qué más local que La Mancha? Y mira. O París, Texas de Wim Wenders. El paisaje es local, pero esa angustia es universal. Las grandes obras son locales, olvídate. Los impresionistas franceses dibujaban el paisaje, las catedrales… Esa es la labor del artista, hacer lo local universal.

Presentación de Sicixia en el #FICX54

©Festival Internacional de Cine de Gijón

Tras el éxito de A esmorga, con Sicixia pareces dejarte llevar por los vientos de cambio del novo cinema galego. ¿Cómo ves el panorama del cine en Galicia y qué lugar crees que ocupas?

El cine es una gran pantalla al mundo y a nosotros mismo como gallegos, nos ayuda a valorar lo que tenemos. Después de un gran trabajo de muchos años, creo que el cine galego está viviendo un momento muy interesante. Por ejemplo, en el Festival de Cine Español de Toulouse, el más importante fuera de España de cine español, estábamos cuatro largos gallegos en sección oficial.

Y como cineasta creo que o miras el presente o estás acabado, entras en el museo. Para mí cada película es un nuevo reto de trabajar el lenguaje, lo documental… es una forma de sentirte vivo, porque si no te encasillas. Si juegas con el presente ofreces un signo de vida. Y al final en cada día de la vida hay que renovarse.

Entrevista realizada durante la celebración del #FICX54

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